
El viento nos ha dejado detrás suyo,
con ojos entreabiertos, entrecerrados
sentimos, hora por hora, aquel vacío
lo que va a ser con semejante ausencia
en la memoria de los absurdos
donde quiera miramos en incansable errancia,
quien conoce a los que aún están aquí
e implacables desconocen las tumbas
sin inscripcion, en medio de la hierba seca
entre la que moramos impertubables